Hoy no sé qué día es

pero los sofás verdes dicen cosas malas.

El verde de la esperanza, del futuro, de la consciencia.

Quizás los eligieron por eso, en un intento ridículo de ponerse en lo mejor,

de ponerse en las botitas de quien los ve y se va a casa sonriendo,

de quien charla sobre el antes y el después.

Ya me falta un después, así que no me parece lógico que aparezca otro, así, de la nada.

Si después nada, no hay más después.

Me siento aquí y los odio a rabiar.

Si tuviera una navaja suiza utilizaría todos y cada uno de sus utensilios para rajar esta estúpida tapicería.

Aunque también es mía, y aunque se haya esforzado por el después.

Yo ya sabía que no.

Así que los destrozaré enteros.

Asustaré a todos los presentes.

Perderé los estribos

los papeles

los nervios

la razón

el padre

la abuela

las ganas.

Maldita planta de mierda.

— que no es verde, pero como si lo fuera…