Hemos estado tanto tiempo en el Espacio

-con el silencio impuesto-

que ya no sabemos cómo cocinar palabras

sin que te sepan a esa especia picante que tú mismo le añades porque, en el fondo,

crees que es una cuestión de paladares.

.

Pero ya nos hemos cansado de darte el gusto.

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[…]

Que he descubierto un nuevo órgano.

Lo digo por mí, porque me lo noto.
Forma parte del sistema reproductor. Y también del motriz y del digestivo.

Ahora mismo no recuerdo más, pero forma parte de todos los sistemas en los que, teóricamente, englobamos a los demás órganos en las clases de biología -cuando el tiempo era laaargo y tus sonidos me arrancaban de mi húmedo letargo-.

Noto el nuevo órgano todo el rato. Y es raro, porque siempre me han dicho que, cuando pierdes a alguien, sientes un vacío dentro de ti.

Y yo solo siento que tengo menos hueco para otras cosas.

-Quizá sea este nuevo órgano que me creaste.-

Lo más desconcertante de todo es que, si realmente sucede lo improbable (una Apocalipsis zombie), no tendré una casa que verme forzada a abandonar. Bueno, sí

pero ya se sabe. En una situación de emergencia, sálvese quien pueda.

Todas mis obsesiones en forma de coleccionables pasarían a un segundo plano.

El pellejo es lo primero.

Ni recordaría la ingenuidad de pun pun, ni pensaría en buscar todas esas entradas de cine.

Hay prisa.

Para cuando los alelados consiguiesen abrir la puerta, todo aquello que tantas horas de pensamientos acaparó, ni siquiera robaría un segundo de atención de esos descerebrados.

Y esa sería la peor muerte

-no la de los ignorados por los muertos-

sino la de mi identidad.