La sed

Te regalé un ser como mi amor

moribundo.

Como la paciencia con la que te escribí las sístoles más veloces

de espacio.

Su sangre dolía en silencio alimentando tu diafragma hinchado por hombre.

Si hubieran sido flores de plástico

si hubieran

no abrían.

Perdóname si no di tiempo a que se marchitaran,

eran ellas o yo

y me lo pedían mis huesos tras el duelo que mantuve con el eco de mis entrañas de instinto carnívoro y conciencia animal.

Quería comerte vivo

no sé si de odio o de amor.

Reforestación.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s