Tal día como hoy decidí callar.

O más bien seguí callando.

Enhebrar con estilo para rematar unos labios untados con cola

(¡Cuántos habrá!)

Para qué preguntar, para qué pedir, para qué contar.

De todas formas, el silencio supera los decibelios permitidos, pero nadie dice ni mu.

Ni yo me, ni mo, ni mi, ma ma.

No fui yo la primera,

no fui la única.

No seré la última.

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