Hay días, días, días. De los que aparecen y de los que desaparecen. De los que nunca tuvieron oportunidad de aparecer. La tristeza que complementa mi felicidad, y la felicidad que sazona mi tristeza. La mente desdoblada, acallada, con demasiadas cosas que alguien pone ahí para que no se escuche a sí misma. El cuerpo desbordado por verdades que taponan las arterias. Verdades que se atragantan. Puertas opacas que se cristalizan y viceversa. El saber que mata mi vivir y el vivir que me pide saber.

Los pies, los pasos, el camino.

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